CIA en México: entre las excusas de Maru Campos y el doble discurso de la 4T
- María José Hdz.
- hace 5 días
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La polémica por la presunta participación de agentes de la CIA en operativos realizados en Chihuahua volvió a abrir un tema incómodo para todos los bandos políticos: la fragilidad de la soberanía mexicana frente a las agencias estadounidenses y la incapacidad —o conveniencia— de distintos gobiernos para asumir responsabilidades.

La gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, intentó deslindarse de cualquier participación o conocimiento sobre la presencia de agentes extranjeros en el operativo realizado en la Sierra Tarahumara, donde fue desmantelado un narcolaboratorio con decenas de miles de litros de sustancias químicas y metanfetamina.
En un mensaje difundido por la noche, la mandataria panista defendió el operativo al asegurar que evitó que “millones de dosis de drogas envenenaran a jóvenes y familias mexicanas”, pero sostuvo que ella no autorizó ni tuvo conocimiento de la presencia de personas extranjeras en la acción.
La explicación, sin embargo, deja más dudas que certezas. Resulta poco creíble que un operativo de semejante magnitud, con repercusiones internacionales y participación de personal extranjero, ocurriera sin que el gobierno estatal estuviera enterado. Más aún cuando la propia administración de Chihuahua confirmó posteriormente que hubo “personas extranjeras” involucradas.
El problema no es únicamente político. La presencia de agentes estadounidenses operando en territorio mexicano sin claridad pública sobre permisos, alcances o supervisión representa un golpe directo a la soberanía nacional, independientemente de los resultados del operativo contra el narcotráfico.
Pero mientras Morena y sus aliados aprovechan el caso para golpear al PAN y a Campos, también queda exhibido el enorme doble discurso del oficialismo.
La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó el reporte publicado por CNN sobre supuestas operaciones encubiertas y asesinatos selectivos realizados por la CIA en México. Calificó la información como “falsa” y “sensacionalista”, además de acusar a grupos de México y Estados Unidos de querer deteriorar la relación bilateral.
Sheinbaum insistió en que únicamente operan en el país agentes acreditados conforme a la Ley de Seguridad Nacional y negó que existan acciones unilaterales de agencias estadounidenses.
Sin embargo, el propio gobierno federal abrió la puerta a las contradicciones desde abril, cuando la Presidencia reconoció que no había sido informada sobre la participación de agentes estadounidenses en Chihuahua. Si no fueron notificados, entonces alguien actuó al margen de los protocolos federales; y si sí existía coordinación, entonces las negativas actuales pierden fuerza.

A esto se suma el contexto cada vez más agresivo desde Washington. Funcionarios estadounidenses, como el director de la DEA, Terry Cole, han endurecido el discurso contra políticos mexicanos, mientras medios estadounidenses reportan supuestas operaciones encubiertas de la CIA contra integrantes del crimen organizado.
El problema para Morena es que su narrativa de defensa de la soberanía se debilita cuando el propio gobierno federal mantiene protección política hacia gobernadores morenistas severamente cuestionados por la violencia y el crimen organizado en sus estados.
Mientras desde Palacio Nacional se condena la actuación de Chihuahua, personajes como Rubén Rocha Moya o Rocío Nahle continúan respaldados políticamente pese a los constantes señalamientos sobre inseguridad, violencia y deterioro institucional en sus entidades.
La discusión de fondo no debería centrarse únicamente en si Maru Campos sabía o no de la presencia de agentes extranjeros. El verdadero problema es que México parece atrapado entre gobiernos estatales incapaces de explicar operaciones sensibles y un gobierno federal que exige soberanía mientras tolera crisis de seguridad en estados gobernados por sus propios aliados.



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