Kylian Mbappé, ¿"dictador" o pieza desequilibrante?
- María José Hdz.
- hace 12 horas
- 3 Min. de lectura
Si algo demuestra el fútbol moderno es que el talento ya no es suficiente para blindarte de la sospecha. Y en el caso de Kylian Mbappé, la conversación ya está sobre la mesa: ¿puede una superestrella ser tan determinante… que termine descomponiendo todo a su alrededor?

La narrativa que se ha instalado —amplificada por videos, reacciones y debates en redes— es tan atractiva como peligrosa: Mbappé es un “dictador”. Una figura que no sólo decide partidos, sino dinámicas, jerarquías y hasta destinos de entrenadores. Suena exagerado… hasta que empiezas a conectar ciertos puntos.
Nadie discute que Mbappé es un fenómeno: goles, asistencias, títulos, un Mundial a los 19 años. Números de época. Sin embargo, lo que hoy se discute no es su capacidad individual, sino su impacto colectivo.
Ahí es donde la cosa se pone turbia.
En el Paris Saint-Germain, el proyecto con Messi y Neymar terminó diluyéndose entre egos. Después, sin Mbappé, el equipo finalmente levantó la Champions. ¿Coincidencia? Tal vez. ¿Casualidad conveniente para el relato? También.
Luego está el caso del Real Madrid. Un equipo que venía de dominar Europa, que parecía tener una estructura sólida, y que tras su llegada entra en una especie de montaña rusa: cambios de entrenador, bajones de nivel en figuras clave, vestuario cuestionado. No es sólo él, claro. Sería simplista decirlo. Pero tampoco parece completamente ajeno.
El problema de fondo no es que Mbappé quiera ser protagonista. Eso es normal en cualquier estrella. El problema —según esta narrativa creciente— es cuando el proyecto empieza a girar exclusivamente en torno a una sola figura.
Y eso, históricamente, suele salir caro.

Incluso nombres como Cristiano Ronaldo aparecen en la comparación. No por talento —que también— sino por comportamiento dentro de estructuras gigantes. En el Madrid, Cristiano entendió algo básico: el escudo está por encima. Puedes ser la estrella, pero no el sistema. Esa es justamente la línea que muchos creen que Mbappé no ha terminado de entender.
Testimonios indirectos, gestos en cancha, actitudes puntuales… nada es concluyente por sí solo, pero todo junto construye una percepción. Desde no presionar en defensa hasta episodios más simbólicos, como exigir el gafete de capitán en momentos cuestionables.
Y luego están los entrenadores. La rotación constante alrededor de Mbappé empieza a levantar cejas. No porque todos los cambios sean culpa suya, sino porque la repetición del patrón ya no parece casual. Cuando incluso un técnico como Luis Enrique deja entrever que sin cierta figura “puede controlar mejor el equipo”, el tema no pasa desapercibido.
Ahora bien, también hay que poner los pies en la tierra.
Culpar a Mbappé de todos los males del Madrid o del PSG es cómodo, pero intelectualmente flojo. Hay lesiones, cambios generacionales, malas decisiones directivas y bajas de nivel en otros jugadores. El fútbol nunca es monocausal.
Pero tampoco es inocente ignorar que algo pasa.

Quizá la mejor forma de entenderlo no es con la palabra “dictador”, que suena más a clickbait que a análisis serio. Tal vez el término correcto sea otro: desequilibrio. Un equipo desequilibrado en jerarquías, en responsabilidades, en protagonismos.
Porque al final, el fútbol sigue siendo lo mismo de siempre, aunque a veces se nos olvide: un deporte colectivo. Puedes tener al mejor del mundo… pero si el resto deja de funcionar como equipo, lo que tienes no es una máquina ganadora, es un escaparate.
Y eso, para clubes como el Real Madrid, suele ser inaceptable.




Comentarios