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¿Espartaco 18, el mayor lolcow de México?

  • María José Hdz.
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

En internet hay creadores… y luego están los casos de estudio. Espartaco 18 —también conocido como el Canciller, el Magnánimo, R Spartan, R Spartan Reach, el Gladiador, o si uno se pone creativo: Esperpento 18, Esparadrapo 18, Espermatrago 18, el Cumciller— pertenece sin discusión a la segunda categoría.


Espartaco y sus armaduras colgadas en la pared de fondo.
Espartaco y sus armaduras colgadas en la pared de fondo.

Porque sí: lo suyo no es una carrera, es una narrativa de película.


Todo comenzó como empiezan muchas tragedias digitales: un canal de videojuegos. Un joven jugando Halo, soñando con crecer en YouTube y, en algún punto, confundiendo “tener internet” con “tener razón”. Hasta ahí, nada fuera de lo común.


El giro vino cuando dejó el control… y agarró el micrófono de gurú.


De pronto, el ex-gamer evolucionó (o involucionó, según se vea) en una especie de predicador de la redpill de bolsillo: consejos de “valor masculino”, discursos contra mujeres, análisis dignos de foro de madrugada y una seguridad que sólo puede tener alguien que nunca ha dudado… ni un segundo… ni una sola idea.


El resultado: clips virales, pero no por "sabios". Más bien por incómodos.


Uno de los momentos que más le explotó en la cara fue su fijación con criticar a las madres solteras. Nada raro en ese tipo de contenido… salvo por el pequeño detalle de que su propia historia familiar no iba exactamente por otro camino. Internet, que tiene memoria selectiva pero venenosa, no dejó pasar la contradicción.


Pero si algo define al Magnánimo, es pensar en grande. Muy grande.


Visión de Espartaco 18 de cómo se vería en el futuro...
Visión de Espartaco 18 de cómo se vería en el futuro...

En algún punto decidió que su destino no era YouTube… sino el Real Madrid. Capitán, para ser precisos. No jugador, no suplente, no cantera. Capitán. Porque cuando uno vive en su propia película, el casting principal ya está decidido.


Spoiler: Florentino nunca llamó.


Entre tanto discurso y sueño de grandeza, también hubo intentos de aterrizar en la vida real. Por ejemplo, entrenar fútbol con niños. Y aquí el guión se volvió incómodo otra vez: incidentes, golpes accidentales, un menor que terminó en el suelo sin reaccionar por un momento… y un padre que decidió que el partido ya no era tan amistoso. Digamos que el ambiente se puso menos “Champions League” y más “sal de aquí”.


Pero nada preparó a la audiencia para uno de los momentos más delicados: cuando él mismo relató haber tenido vínculos con menores de edad. Sí, dicho por él, contado por él, publicado por él. Y aquí el tono deja de ser meme por un segundo, porque en México ese tipo de declaraciones no son precisamente material de debate… sino de algo que se investiga sin necesidad de invitación.

Así se veía Espartaco 18 a sí mismo
Así se veía Espartaco 18 a sí mismo

A partir de ahí, el personaje dejó de ser sólo un chiste incómodo para muchos y pasó a ser directamente un foco rojo.


Como si eso no fuera suficiente, la historia se salió de la pantalla. Literal. En su entorno comenzaron a aparecer advertencias visibles —mantas incluidas— dirigidas a vecinos. Cuando el “salseo” se imprime en lona, ya no estamos hablando sólo de internet.

Y aun así… volvió.


Porque claro que volvió. Bajo nuevos nombres, nuevas cuentas y el mismo ego intacto. R Spartan, el rebranding eterno de alguien que cree que cambiarse el nombre es lo mismo que cambiar la historia.


Su movimiento más reciente parece sacado del manual del villano digital: intentar tumbar contenido crítico usando herramientas de copyright en plataformas como YouTube, alegando derechos sobre una “marca” que, según lo que se sabe, ni siquiera está formalmente registrada. Es decir, pasó de ser criticado a intentar silenciar la crítica con copy-paste falso.


Irónico, considerando que gran parte de lo que se dice de él… salió de su propia boca.

Y así sigue el ciclo: aparece, dice algo, internet reacciona, desaparece, regresa con otro nombre, repite. Una especie de déjà vu digital protagonizado por el mismo Canciller que nunca abandona el campo de batalla


Porque si algo ha dejado claro Espartaco 18 —el Canciller, el Magnánimo, el Cumciller y todos sus multiversos— es que no necesita enemigos. Se basta solo.


Y apenas vamos empezando.


En la siguiente parte: entrevistas que salieron peor de lo esperado, enfrentamientos con otros creadores, catfish, regresos fallidos y el intento constante de convencer al mundo… de que el problema siempre es el mundo.


Y recuerda que la lucha del gladiador es eterna es ezta no ha hecho máz que empethar.

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