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El Contraste y la Coyuntura: comedia novohispana del siglo XXI

  • Rodrigo Castrejón
  • hace 10 minutos
  • 6 min de lectura

Según tú todo es contraste. Marchar en el Mundial es contrastante, pagar 125 mil pesos por el boleto es contraste, Shakira es contraste, ¡pues perdóname por ser tan contraste! (sic).


Bueno y…¿luego qué?


En el último mes, los medios noticiosos han construido su agenda a partir de la exhibición de los contrastes en México. Antes de la discusión, adelanto mi postura:

¿A poco es novedad? En un país donde combinar dos salsas en un mismo taco es algo normal, ¿qué tiene de original el contraste? Llevamos quinientos años alimentándonos de contrastes. ¡Uno de nuestros “tipos” sociales se llama “China Poblana”, por Dios! Y se basa en una realidad tangible: la ruta Manila-Acapulco que desde mediados del siglo XVI hasta principios del XIX consolidó la globalización, teniendo a la CDMX como la primer capital del comercio mundial.


Uno de buche, nana y nenepil con pasto y llorona
Uno de buche, nana y nenepil con pasto y llorona

En el mismo territorio donde se vestían de seda y se inventaban nuevos platillos con especias —tan costosas para la historia europea—, recibimos (a la mala) la diáspora africana e inventamos una Virgen morena. ¿Qué hay de nuevo en los contrastes para un país así? Desde entonces nos presentamos al mundo con esa imagen.


Y, hay que aclararlo: ¿el contraste es deseable? No, definitivamente no si se trata de uno generado por las diferencias sociales. No es en lo absoluto deseable que México sea un parque temático para los turistas, mientras que los habitantes que ponen los ladrillos del castillo feliz padecen mil ocho mil injusticias. La cuestión aquí es por qué los medios hegemónicos insisten en hacer una lista de las miserias cuando siempre han estado en nuestra cara. (La respuesta es teatral. Muy a lo Monsiváis, Fuentes e Ibargüengoitia. Pero ahorita llegamos a eso).


Su intención es obvia. Se busca una reacción inmediata: el susto. Una especie de “¡Cómo es posible!” + “¡Es que estamos muy mal!”, para luego llegar el señalamiento del culpable y una demanda de cambio. Eso esperan ciertas empresas, claro. Como si la política siguiera reduciéndose al partidismo y no estuviera siempre acompañada por el componente geo-.


La pregunta que sigue es: ¿a quién le sirve renovar la narrativa del contraste en la actual coyuntura?


… ¿Existe, por cierto, esa coyuntura?

Dejo la primera como provocación para quienes conocen el campo político con más detalle. Yo prefiero irme por las ramas, es decir, la segunda pregunta, porque tiene consecuencias culturales.

 

Hay una coyuntura mundial, eso es innegable. A grandes rasgos, las tres superpotencias están re-partiendo el pastel en tres franjas. Y le dijeron a Europa: “au revoir, su idea de democracia está muy boomer para nuestro gusto.”


2º Esa coyuntura (complejísima, no me detendré más en ella) provoca otras coyunturas locales en cascada. Acá en México y el resto de Latinoamérica estamos viviendo la redistribución de las rutas del narco para que el vecino del norte las privatice. Eso altera todos los pactos locales. Es el sueño de Walter White y el Pollos Hermanos encarnado en la CIA.


3º A lo que vinimos: el teatro. Sobre esa coyuntura glocal verdadera, se montan otras coyunturas imaginarias. Dramas que superan a la telenovela, donde se eleva a Morena al grado de villano y no de marioneta global. ¡Ya quisiera el gobierno estar a la altura de Catalina Creel o Soraya Montenegro! “¡Maldita lisiada!”

 

En esa tercera coyuntura es donde estamos especializados.

 

De nuevo, desde hace 500 años. La cultura novohispana en nuestras venas ha consistido —además de en una mezcla de sabores excepcionales— en la teatralidad. A falta de televisiones y redes sociales, las castas se comunicaban al pueblo mediante desfiles y atavíos. El virrey, por ejemplo, tenía que salir siempre rodeado de su cohorte, vistiendo su jubón, ropilla y calzones públicos; y, si la ocasión lo requería, capas y libreas de terciopelo con bordados de oro. Para entrar a la ciudad, tenía que ir a caballo; para salir a pasear, en carroza.


La ropa siempre ha sido un distintivo de la posición social
La ropa siempre ha sido un distintivo de la posición social

De ahí para abajo, cada posición social hacía lo propio: sus ropas, sus comportamientos, sus inclinaciones de cabeza correspondientes, etc. Para funcionar, la sociedad novohispana respetaba códigos escénicos. Así se construyó en todas partes la política moderna, claro, pero acá se extendió a la vida cotidiana. Mientras Europa pausó la ruptura de la cuarta pared después del barroco y la descubrió como gran novedad en el siglo XX; en Latinoamérica, se volvió costumbre desde la Malinche. No es que no existiera la pared; el escenario sólo es para las autoridades, pero sus límites son mucho más flexibles. Así como las Leyes de Indios o la Leyes de Reforma. Esta vida hecha teatro (¿o teatro hecho vida?) suele montar dramas imaginarios sobre la realidad material.


Y volvemos al arranque: ¿qué de novedoso tiene el contraste tan señalado por los medios? Nada. Pero es el tema de la obra en turno. El teatro tiene la cualidad de concentrar en un momento breve los padecimientos generales del humano. La intención detrás de esta agenda, por lo tanto, es ingenua: ¿cambiar la voluntad del pueblo para redirigir el voto? Es una visión infantil de la oposición. Pocas veces “el pueblo” pone en el poder a quien quiere (por cierto, ¿a poco sólo es un pueblo?). Y, si lo logra, no será por identificarse con quienes imponen los temas desde San Ángel y el Ajusco y Santa Fe (o Palacio Nacional).


Las marchas y protestas contrastan con el "ambiente mundialista"
Las marchas y protestas contrastan con el "ambiente mundialista"

El verdadero talento de las televisoras es construir el escenario para el drama. Y lo lograron, claro está. Los actores, como siempre, vinieron desde las bases. Sin embargo, la obra de teatro La Coyuntura no redistribuirá los votos, más bien ha servido para su propósito milenario: liberar las pasiones. Qué mejor momento para la catarsis colectiva que la fiesta mundialista.

 

Desenlace de la comedia

Conviene ver con más detenimiento la escena de cierre de lo que quiso ser tragedia y acabó en comedia: la fiesta en el Ángel de la Independencia tras la victoria contra Sudáfrica.

¿Quién pensó en algún momento que México perdería ese partido el 11 de junio?

Ni siquiera los jugadores sudafricanos.


Y a nadie le pareció extraño. Tal como no nos parece extraño ir a las luchas y saber que no son luchas luchas. La victoria predeterminada de México en la inauguración tiene, por lo tanto, un componente espectacular. Yo diría, más bien, ritual. Pero bueno, acá es lo mismo.


La narrativa fue esta: tensión social durante al menos tres semanas, enredos, la voluntad del pueblo contra un gobierno blandengue que supuestamente es opresor; en el fondo, la amenaza del enemigo extranjero. Al final, ¡fiesta! No pasó nada. O, más bien, sigue pasando, pero… ¡fiesta!

Aficionados que viven la intensidad de ser zoquetes afectaron un vehículo
Aficionados que viven la intensidad de ser zoquetes afectaron un vehículo

Todo se sintetiza en una nota que por ahí publicaron unos colegas:

“Los aficionados ‘TOMARON’ las camionetas que llevaron equipo de montaje de un escenario (del Ángel de la Independencia). Se subieron al toldo y las utilizaron como trampolín.”


Esa espontaneidad lúdica es la actitud teatral que el mexicano lleva en la sangre y que nunca, de ninguna manera, podrán prever los señores que intentan jalar las cuerdas de la agenda mediática. Por una sencilla razón: no conocen la vida real, la de las calles, la del juego mezclado con la vida. Por mucho que le hagan al teatro, las oficinas de guionistas televisivos no imaginan las posibilidades de la improvisación.


“Tomar” las instalaciones, ya no como protesta, sino como fiesta es un acto paródico encarnado. En la fiesta se disuelven el bueno y el malo (y el feo). La toma en sí es un acto contra la norma, es un acto de rebelión pequeña. A la vez, es una burla de las rebeliones reales (si es que existen). ¡Es una burla de todo, pues!


Desde luego, si nos ponemos sociocríticos, podemos preguntar: ¿por qué esta toma  es permitida y aplaudida, mientras la toma de las instalaciones de la SEP es estigmatizada? ¿Acaso la “rebeldía” se administra? ¡Sí! Y Star Wars es la prueba de ello.


Con Star Wars se puede explicar la aceptación de algunas protestas
Con Star Wars se puede explicar la aceptación de algunas protestas

Pero, pero, peroooo… La simple idea de tomar una camioneta y brincar del toldo requiere un grado de espontaneidad que sólo puede alcanzarse si el cuerpo se ha quitado de encima todos los códigos de comportamiento y las posturas políticas racionales. Es, pues, una expresión de la energía vital en su grado más puro. Su crítica no va contra el complejo entramado de la política actual, sino que se mete a los madrazos con esa cara de la vida que se consume en rutinas.


La fiesta mexicana le recuerda al mundo que detrás de todo el peso de la vida laboral, hay una vida verdadera que sólo puede experimentar el cuerpo eufórico.


Típicas celebraciones en donde los machirulos hacen lo que odia de otras marchas
Típicas celebraciones en donde los machirulos hacen lo que odia de otras marchas

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